Degusta la frescura de un vino Sauvignon Blanc
noviembre 15, 2016
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diciembre 1, 2016

Descubre las experiencias sensoriales ocultas en una botella de vino

El surrealismo intenta mostrar, por medio de formas abstractas o simbólicas, las imágenes de la realidad más profunda que alberga el ser, el subconsciente y el mundo de los sueños. Cuando los sueños y la realidad se unen nace el arte que, al igual que la degustación de una copa de vino, ofrece diversas experiencias sensoriales.

Dentro del surrealismo los objetos cotidianos adquieren tal fuerza que pierden su función original. Quien comprendió esto fue el artista Joan Miró que en 1924 inmortalizó su cautivación por el vino en un óleo sobre tela que llevaría por nombre: “La botella de vino”.

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Joan Miró nació en 1893 en Barcelona. Al cumplir 17 años, Miró decide estudiar finanzas lo que lo llevaría a trabajar en una droguería como administrador y, en ese mismo año, a participar en su primera exposición de dibujos y retratos organizado por el Ayuntamiento de Barcelona.

En 1911 Joan enferma de fiebre tifoidea y se instala en una casa de campo en Mont-roig, un sitio que se caracteriza por el cultivo de olivo, almendro, verduras y hortalizas. Durante este tiempo de convalecencia, Miró decide que la pintura es su verdadera pasión por lo que se inscribe en la Escuela de Arte de Francesc Galí, donde conoce a pintores, escritores y a quien sería uno de sus mayores seguidores y colaboradores, Josep Dalmau.

Gracias a Dalmau, Miró viajó a París y conoció a Picasso, pintor cubista que se había convertido en una gran influencia para el barcelonés; tras este encuentro Miró se unió a la comunidad de intelectuales de la Ciudad Luz, con quienes participó para publicar el “Manifeste du Surréalisme”.

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En dicha comunidad encontró a un grupo de amigos conformado por escritores, etnógrafos, poetas, dramaturgos y directores; entre los que sobresalen Max Jacob, Michel Leiris, Georges Limbour, Benjamin Péret, Armand Salacrou y Roland Tual. Ahí también encontró inspiración para sus primeras obras surrealistas, donde tomó como materia prima sus sueños y su realidad.

Para Miró aplicar colores es “como las palabras que forman poemas, como las notas que crean música”. En “La botella de vino” se aprecia una pequeña gama de colores que captan los sabores del vino invitando al espectador a degustarlo, mientras que en el interior de la botella hay un pequeño volcan que arroja tonalidades verdosas similares a la explosión de olores y sabores que se manifiestan al destapar una botella de vino.

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En “La botella de vino” se pueden apreciar pinceladas que van desde trazos largos hasta toques de color demostrando que en el surrealismo las reglas se rompen, los objetos ajenos se mezclan, los sentidos se pueden representar por colores y que la belleza se encuentra incluso en el caos.

Otros elementos que Miró integró en la pintura fueron una serpiente con bigotes y ojos rojos que persigue a un insecto, montañas similares a las de Cataluña y trazos ondulados que remiten a las olas del mar.

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La obra de Joan Miró trascendió de tal manera que su interés por el vino y la interpretación de sus sueños sirvieron de inspiración para artistas de diversas partes del mundo.

En Viñedo San Miguel te invitamos a vivir las experiencias sensoriales que ofrecen una obra de arte y una botella de vino.